El incumplimiento de la cuota alimentaria es una de las formas más comunes y silenciosas de violencia económica. En Argentina, miles de madres sostienen solas el cuidado y los gastos de sus hijos, mientras el sistema judicial suele ser lento y condescendiente con los progenitores incumplidores. Nuestra postura es clara: el alimento es un derecho básico y su falta de pago vulnera la dignidad de todo el grupo familiar.
Desarmando estrategias de ocultamiento
Es frecuente encontrarse con maniobras de insolvencia fraudulenta o trabajos no registrados para evadir esta responsabilidad. Nuestra práctica se enfoca en investigar a fondo el nivel de vida y el patrimonio real del incumplidor, utilizando herramientas legales para asegurar que los aportes sean justos y actualizados según la inflación actual. No permitimos que la burocracia dilate el bienestar de los más chicos.
El valor del cuidado invisible
El Código Civil y Comercial hoy reconoce que las tareas de cuidado tienen un valor económico. Al fijar una cuota, insistimos en que el tiempo dedicado a la crianza sea cuantificado y respetado como un aporte fundamental. Reclamar alimentos no es pedir un favor, es ejercer un derecho que permite a las mujeres recuperar tiempo y autonomía para sus propios proyectos de vida.
